12/25/2009

El destino se ríe.

El Rabal.
Un banco de mármol no sirve para nada.
Entraba y salía de mi imaginación
aquel negro día, esa Gran vía blanca.
No hay un solo lugar en Madrid
que no lleve el olor de la colonia mala.
En una cama no para tumbarse,
no para relajarse.
En una cama para contraer músculo,
tensar las cuerdas vocales,
cama pública y verde,
cama de tés y tartas.
Me alejo.
Vuelves a evocar otro rugido.
Bravo, el camino arriba
se convierte en un tira y afloja.
Ya has corrido de un andén a otro.
Ya has perdido todo lo que había al otro lado.
Aunque ni siquiera tuvieras la certeza
De que hubiera algo por ganar en éste.
Un niño no quiere ni puede recuperar
los años, los juguetes de nochebuena,
no quiere ser un bebé, quiere madurar.
Paradoja de aquel que quiera retroceder ahora.
Tarde.
Después de perseguir, de acariciar,
de pellizcar, de arrancar y despojar,
y de muchos y demasiados llantos.
Alguien que nisiquiera se atreve a hablar
en primera persona.
Sigue observando, aunque no se acerque
ningún faro de coche, de luz o de vida.
No es tragedia por resolver, es bilis masticado.
Pero atragantado grita hacia sí mismo,
pensando que conseguirá algo
de lo que visualiza en ese frío banco. De mármol.
En el rabal.

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